bajo un hermoso castillo habitado por las hadas, por reyes, marqueses, condes y princesas delicadas que se encuentra en la colina que Cracovia dominara cuentan que un fiero dragón
aquella sima habitaba.
De sus poderosas fauces horríficas llamaradas
imponían el terror a aquellas tierras polacas bajo su feroz imperio de fuego, sustos y lava. Tras probar diversos héroes,
que murieron en batalla,
el monarca decidió ofrecer hermosa dádiva a aquel caballero que su poder desafiara;
desposaría a su hija el que tal reto lograra.
Más no se encontró adalid,
que a la fiera derrotara;
tornábanse mantequilla, las orgullosas espadas ante aquel temible ofidio que de todos se burlaba.
Un humilde zapatero presentóse entonces para ser al fin conquistador de empresa tan arriesgada.
Y como dice el refrán no es mejor fuerza que maña ocurriósele un ardid para completar la hazaña.
A una apetecible oveja oronda y muy bien cebada como un inocente cebo ocurriose utilizarla.
Rellenó entonces de ácido
sus deliciosas entrañas
y la colocó paciente por donde el dragón volaba. Un buen día que un paseo entre nubes realizara, miró el jugoso bocado que apacible allí pastaba, no más un aperitivo de los de media mañana...
Y fue así como aquel joven de extracción tan ordinaria consiguió al fin someter
a esa fiera legendaria,
la que cuentan que hace siglos
majestuosa surcaba
todo el cielo de Polonia
con sus prodigiosas alas.
Bajo el castillo de Wavel,
a la puerta de su casa,
su magnífica silueta
allí podrás contemplarla
e incluso verás el fuego
que brota desde su entraña.
Y si te atreves también
a esa sima subterránea
que un día habitó el dragón
que Cracovia dominara,
te puedes aventurar
por si encuentras su fantasma;
cuentan que aún mora en la cueva, misteriosa y solitaria...